Por Diego Rodia
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Una vez más, Dios no quiso darle lugar a una tragedia en un estadio de fútbol. En esta ocasión, no hubo disturbios, problemas en la calle o en las tribunas. Todo ocurrió dentro del campo de juego del Julio Humberto Grondona. Recién se había cumplido el minuto 10 de la primera final del Reducido de la C cuando, a la salida de un corner, Isaías Olariaga, defensor de San Miguel, y Javier Velázquez, delantero de Defensores Unidos, chocaron sus cabezas.

Allí se temió algo serio. Por la forma de caer de ambos futbolistas y por la desesperación de compañeros, terna arbitral e hinchas del Trueno Verde, ubicados detrás de uno de los arcos.

Se temió lo peor al ver que pasaban los segundos y los gritos solicitando el ingreso inmediato de la ambulancia, no hallaba eco.

La ambulancia estaba. El problema es que no podían abrir el portón para que ingrese al campo. Recién a los cinco minutos del choque, Velázquez se pudo recuperar. No así Olariaga, que sufrió convulsiones.

El vehículo más esperado seguía brillando por su ausencia. "Y la ambulancia la puta que te parió" era el canto de impotencia de la gente. Hasta que el bendito portón cedió y la ambulancia hizo su ingreso.

El defensor fue reanimado y según contaron testigos del dramático hecho, se encontraba lúcido. Igualmente, con lógico criterio, le colocaron un cuello ortopédico, lo subieron a la camilla y de allí a la ambulancia que volvió a encontrarse con una situación imperdonable. Por el portón que da a la calle Morse no había paso para la ambulancia.

Se debieron esperar unos minutos que se corriera el micro de la delegación de San Miguel para después sí, partir raudamente hacia el Hospital Argerich, donde se constató que Olariaga había sufrido hundimiento de cráneo.

En un principio, el jugador iba a ser trasladado al Hospital Traumatológico de Malvinas Argentinas, pero finalmente decidieron que pase la noche en el Argerich donde hoy será examinado por el Doctor Denari (de la AFA), para luego decidir si será intervenido quirúrgicamente y dónde.

Dicen que Olariaga está mal porque no podrá jugar la revancha. Lo bueno es que se encuentra fuera de peligro. Lo malo es que otra vez falló la seguridad. Y esta negligencia pudo haber costado carísimo.

"Intervine cuando vi las convulsiones"
El primero en asistir a Olariaga fue el árbitro, Yael Falcón. El referee, bien de cerca, observó como el defensor comenzó a convulsionar y allí tomó parte en el asunto: "Vi que el jugador de San Miguel estaba convulsionando e intervine. Cuando uno está boca arriba, la mayor causa de muerte es por la lengua que impide que la persona pueda respirar. Lo que uno hace es ponerlo en una posición de seguridad, lateral, para que la lengua se corra y le permita respirar. La convulsión dura un poco, es un proceso y después termina. Una vez que llegaron los médicos me hice a un lado y les permití intervenir a ellos", aseguró el árbitro.

El referee tiene un pasado como guardavida, y eso lo ayudó a saber cómo intervenir sobre Olariaga: "En la playa tuvimos muchos episodios en los que tuve que intervenir, pero nunca me imaginé que me podía pasar lo mismo en una cancha de fútbol. Por suerte, los guardavidas tenemos los medios para reaccionar". No conforme con eso, Falcón paso a la noche por el Hospital Argerich, para acompañar a la familia de Olariaga.

"Tengo la cabeza de hierro"
El punta de Defensores Unidos que protagonizó el choque con Olariaga, Javier Velázquez, utilizó las redes sociales para expresarse luego de lo ocurrido: "Los estudios salieron bien, tengo la cabeza de hierro. Le quiero agradecer a Cristo, a mi familias, a mis compañeros y a toda la gente que me envió mensajes", escribió. Luego, le mandó toda la buena onda a su colega accidentado: "Solicito una oración por él, que se llevó la peor parte y se encuentra hospitalizado. Dios lo bendiga y se recupere pronto".